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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

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06-08-2015

Viva el paro general

 

SURda

Opinión

Fernando Moyano


Durante varias décadas nuestra clase trabajadora se ha visto ante el ataque sistemático de la clase dominante. Nos fue mal pero era de esperar, es lo que ocurre en la sociedad capitalista . Y aunque eso es verdad, no es toda la verdad.

Un posible punto de inflexión estuvo en la década de los noventa, cuando se consolidó la ofensiva neoliberal. El desmantelamiento de lo poco que quedaba del "Estado de Bienestar de la periferia" se llevó adelante en forma muy agresiva y sistemática. Nuestra clase respondió como pudo, y algo hizo.

Teniendo en cuenta que fuimos a la guerra con un tenedor, podría haber sido peor. La inadecuación de las armas orgánicas de combate social y político era absoluta. Sin embargo, si comparamos los resultados con lo ocurrido en otros países de la región (y por ahí hay que empezar a evaluar los hechos) habría muchas cosas para decir sobre nuestras fortalezas y debilidades, y también sobre las del otro bando. Tal vez lo más lamentable sea lo poco que se ha avanzado en ese aprendizaje a partir de los hechos vividos.

En la destrucción socio-económica que provocó esa ofensiva burguesa, y en la inadecuación relativa de las armas orgánicas del enemigo, están las causas de lo  que luego vino: la década frenteamplista. La burguesía se dedicó ha destruir ese tipo de orden burgués propio de la época anterior, que ya no le servía. Y lo pudo hacer hasta cierto punto, pero para reconstruir un nuevo orden burgués más acorde a los nuevos tiempos encontró sus propias limitaciones que vienen dadas por su debilidad relativa como clase dominante. Del empate de dos debilidades -cortando muy grueso- nació este " Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie ".

Este tipo de empate de debilidades contrapuestas no es algo nuevo en nuestra sociedad. La década frenteamplista ha respondido, en lo fundamental, a esa lógica. Para llegar al gobierno, la cúpula del Frente Amplio debió vender simultáneamente tres productos políticos, a tres clientes diferentes.

A la clase oprimida, la idea de que un cambio social no catastrófico, un cambio mínimo , era posible y además deseable frente al riesgo de una confrontación social más profunda pero más incierta. La experiencia de las derrotas recientes abonó el terreno para este más vale poco que nada .

A la clase opresora, la idea de que el control interno de los oprimidos, desde dentro de su orgánica de clase, era preferible a continuar desgastando la forma tradicional de opresión que, de continuar, necesitaría ahora niveles inconvenientes represión. También en esto la experiencia reciente estaba demasiado fresca. Para vender esa política era necesario que el comprador estuviese dispuesto a pagar el precio, expresado en concesiones limitadas a los oprimidos. Tampoco acá hay novedad para nosotros, cosas parecidas pasaron antes.

Y a su propia gente, la cúpula frentista debió vender el "París bien vale una misa". El plato que estaba en la mesa (las "migas del presupuesto" como dicen los versos del Viejo Pancho) valía la "unidad de acción", aceptar sin condiciones la hegemonía social-liberal en filas y reprimir todas las dudas o reparos.

Diez años después podemos ver la crisis "germinando lentamente para quien sabe qué futuras cosechas".

La presión de la clase dominante sobre el gobierno ya ha abandonado la forma de mera complacencia con el status quo, hoy demanda un alineamiento mucho más claro y explícito con el programa burgués descarnado. En gran parte por la histórica cobardía de esa clase, que ante cualquier dificultad que se avizore adelanta el chucho. Ya no sirve la política socialdemócrata convencional de hablar como izquierda y actuar como derecha, ahora hay que hacer propaganda activa y explícita como derecha porque el horno no está para bollos. Hoy, entonces, lo políticamente correcto es abominar el "populismo". Cuando eso pasa es que se acerca el punto en que los socialdemócratas, como decía Rosa Luxemburgo, " descubren con tristeza que la burguesía ya no los necesita más ".

Vemos entonces que también tiene fecha de vencimiento el producto que el FA se ha vendido a sí mismo. Esa "tristeza" los ha puesto nerviosos, el "conshensho" pasó a la historia. Pero lo que llama la atención es la torpeza del gobierno. No querían una sub-20 y salieron a la cancha "supra-70" con varios caramelos flojos. Las idas y venidas con Antel Arena, las inversiones públicas o la política de precios, las pautas salariales que hay que hacer un curso para entenderlas (y se supone que son para "facilitar" las negociaciones) son nafta al fuego que han empeorado las cosas. Y ante ese problema vino la genial solución del gran líder: mandar a los suyos a callarse la boca... Vamos bien, se nota.

El vencimiento del otro producto, las ilusiones de los trabajadores en el ciclo frentista, demora un poco más. Pero ese desaliento, antes de expresarse en un pensamiento político completo, se expresa en hechos, como siempre pasa. La recuperación del nivel de actividad de la clase es algo que se ha venido viendo desde hace un tiempo, pero hasta ahora solamente en conflictos dispersos. Los paros generales eran puro teatro.

Ahora las cosas están cambiando. Pero es claro que la conducción del PIT-CNT tiene margen para hacer esa "oposición de su majestad" que el FA ni miras. Y hay una conclusión inevitable: tiene ese margen porque los intentos de una alternativa sindical clasista han fracasado.

Que las cosas hayan llegado ha este punto es realmente una vergüenza. (1)

Ante este paro general han aparecido desde las filas de estos intentos de sindicalismo alternativo, algunas críticas, como de ser un "paro pasivo", su ambigüedad política, no ser una oposición declarada al gobierno, o lo incorrecto de la consigna "para que los cambios no se detengan" . Como si fueran las consignas lo que define significados en la lucha de clases.

Han sido, en realidad, expresiones marginales dentro de esta corriente, que corre riesgo ya de por sí de ser marginal. Críticas que no han impedido la adhesión espontánea de la militancia clasista al paro. Si no fuese así, habría que prestarle otra atención a estos argumentos. Nos hacen recordar a la feroz caricatura -injusta tal vez- que hizo James Petras de la izquierda argentina en el 19 y 20 de diciembre de 2001. (La gran cama, http://www.rebelion.org/hemeroteca/petras/petras030102.htm )

... argumentó que el Argentinazo no cumplía con los requerimientos de una revolución -no había soviets, ni siquiera aquellos de carácter reformista... no había una vanguardia revolucionaria... estaban dispuestos a... presentar batalla cuando las condiciones estén maduras, el lumpen se quede en las villas, y los proletarios nos llamen- no cualesquiera trabajadores, tenía que ser una clase obrera disciplinada, organizada, con ciencia de clase, agrupada en soviets.

Todas las vueltas y tartamudeos del gobierno, que irán mostrando cada vez más su incoherencia, son resultado de este lento despertar de la actividad de la clase, que erosiona las bases de "los cambios para que todo siga como está", que ahora es necesario, además, que "no se detengan". Pero lo que no se detiene ni va a detenerse el deterioro de las bases materiales en que se apoya esta política.

Es imposible cerrar los ojos ante el hecho de que este curso de la lucha de la clase no es un "montaje", es una realidad que camina por su cuenta a pesar de la política frentista de conciliación de clases, pero también a pesar de la inoperancia de las alternativas clasistas.

Nos queda poco tiempo para superar estas carencias. Las oportunidades no son eternas.


(1) Estábamos terminando esta nota cuando se divulgó la noticia sobre los hechos en un hogar del INAU, y la represión hecha por los asistentes a una asamblea sindical. Vaya forma de hacer un paro general. Esto no puede quedar en silencio.

moyano.fer@gmail.com




 
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